Cuando alguién muere

Con tan solo una llamada pueda caer tu mundo. Solo toma un instante, dos palabras, tal vez cuatro, y de repente te ves caer en un abismo que parece infinito donde al final sabes con seguridad que encontrarás oscuridad. De pronto la vida que creías tuya, que fluía con la calma y la alegría de un rio transparente se derrumba.

Hoy me tarde de salir del salón al merecido receso después de trabajar una hora y media con mi clase de alemán. Mientras todas salían apresuradas me quede unos minutos mas para hablar con la maestra de mi inscripción para el siguiente mes cuando terminamos y ya salíamos la maestra y yo, del otro lado del salón se escucho un clamor de angustia, un grito desesperado salía de la boca de Paola que tiraba su teléfono al piso, ella era mi compañera de clase y vecina de silla:

– Antonia, – le dijo a la maestra – My father it’s dead. (mi padre ha muerto)- Con este enunciado se paró de su silla y se derrumbo en el piso llorando y todo su cuerpo que siempre me pareció muy fuerte empezó a temblar como una pluma mojada e indefensa.

La maestra, una compañera de clases que quedaba en el salón de Sir Lanka y yo nos tiramos con ella al piso a tocarle alguna parte de su cuerpo para que sintiera la cercanía del amor que solo las mujeres saben ofrecer. Éramos de cuatro distintos continentes, Asia, Europa, América, África, sin embargo en un instante la barrera del idioma se derrumbo, y resurgió como una braza ardiente; la unión, la empatía y el amor ante el dolor de la muerte. El dolor de Paola ere increíble, y tenia un extraño sentimiento de enojo, le temblaban los labios mientras nos explico con mas detalles. Se agarraba el corazón con deseos casi de arrancarlo.

El teléfono todavía estaba en el piso y lo levante al darme cuenta que todavía había un interlocutor del otro lado oyendo todo, le pregunte si hablaba ingles y en monosílabas confusas le dije que era compañera de Paola y que si podía hablar mas tarde.

Paola no dejaba de llorar y poco a poco, con fotografías y palabras en ingles nos contó de cómo la familia le había dado la responsabilidad de convencer al padre de amputarse las piernas gangrenadas y como el no había cedido ante ninguno de los ruegos de su familia mas que a las de ella. El padre, que había rehusado la operación ante todos las suplicas de los médicos y demás hijos le había dicho a ella antes de la cirugía;

-Hija si tu quieres que me opere, me opero, pero si tu me dices no, no lo hare.

Ella le dijo, con su conocimiento de enfermera que era necesario, que lo hiciera y el accedió. Después de la cirugía hace tres días, no salía por ningún medio de su sueño inducido por la anestesia, y hoy finalmente había dado el ultimo suspiro. El sentimiento de culpa de mi amiga se manifestaba poderoso, y la maestra le dijo:

-Tu sabes que el lo necesitaba.

Yo le dije sin rodeos:

– Paola no es tu culpa. No es tu culpa.

Ella alzo la mirada nublada me miro con el alma quebrada y solo contesto:

– I hope so (eso espero)

Mis compañeras después de unos veinte minutos empezaron a entrar lentamente al salón y nos encontraron rodeando a Paola que ahora se había incorporado de vuelta a su silla. Entre susurros la maestra explicó que sucedía y lentamente una por una y casi con reverencia la rodearon, respetando en silencio el momento, tomando sus manos, sus hombros, ofreciendo un abrazo fuerte.

Una compañera trajo café caliente, otra vasos para servirlo, la italianas no la dejaron ni un momento y le hablaban en italiano y en francés con afecto. Le hicieron tomar el café que había rehusado y la maestra le dio permiso de retirarse a su casa. Pidió si alguién de nosotras podía ir con ella y yo me ofrecí al instante, ya le había dicho antes esto a Paola, ella me había dicho entre lagrimas;

– Yo te digo mas tarde.

Sin embargo, ella se quedo en el salón por una media hora mas y mis compañeras todas se entristecieron al punto de que varias de ellas sacaron pañuelos de papel y empezaron a llorar con ella. La mayoría de ellas eran musulmanas y la amaban con la mirada, con el silencio, con las lágrimas.UNADJUSTEDNONRAW_thumb_81c7

En un instante comprendí que había un lazo muy profundo que no unía. Al principio del curso, era el reto del idioma, después nos fuimos conociendo y se empezó a desarrollar un afecto tal vez tímido y una preocupación mutua por el bienestar ajeno, por las tareas terminadas, por el cigarrillo que alguien le faltaba, o el borrador olvidado. Después de cuatro meses comprendí que ante el dolor de Paola muchas de ellas habían dicho y “tan lejos que estas de casa.”

Entonces entendí escuchando y viendo las lagrimas y suspiros y el silencio de un salón unido en el dolor de Paola que ese lazo maravilloso era indiscutiblemente la comprensión de un mismo sentimiento; éramos todas extranjeras en Alemania.UNADJUSTEDNONRAW_thumb_7ddb

Así como Paola todas teníamos a nuestras familias lejos, todas estábamos solas en un país difícil de entender y tan diferente al propio. Alemania es un país maravilloso yo no tengo la menor duda de ello, sin embargo no es lo que conocemos, lo familiar, los olores y sabores con los que crecimos, los besos y las caricias que nos nutrieron el corazón. Este lazo maravilloso e invisible no había sido mas claro entre nosotras y para mi como lo fue ese día.

Paola de repente salió corriendo del salón y yo salí detrás de ella para pedirle que me dejara recoger mis cosas y salir con ella a su casa, pero me dijo que no, que tenia por ahora que ir a la embajada a sacar algún permiso o pasaporte para su hija menor. Había decidido volar a Camerún, su país de origen pues no podía quedarse aquí mientras una familia la esperaba. Me explico que aunque ella era la sexta en una familia de diez hijos, era considerada la roca de la familia, la líder y en la que todos se apoyaban.

La abrace y le dije que lo que necesitara, yo estaría disponible. Le repetí otra vez que no fue su culpa y le exprese mi amor directamente y sin rodeos. Nos abrazamos una última vez y sentí que ella salió con un poco mas de fuerza al haber visto el amor dado por mis compañeras para enfrentar los detalles pequeños y grandes del viaje a un funeral.

Yo regrese a un salón donde todo me pareció distinto.

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_81c2La maestra seguía explicando el terrible dativo del alemán, mientras yo perdí mi mirada en la nubes grises que se veían por la ventana y pensaba en lo que había leído en Hebreos 11 esa mañana:

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella donde salieron, ciertamente tendrían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos porque les ha preparado una ciudad.” (Hebreos 11:13-16)

Pensé para mis adentro, “Dios no importa en que país del mundo este siempre seré extranjera en esta tierra, porque yo quiero vivir en esa ciudad tuya, la que tu diseñaste y construiste, donde el dolor y la muerte no serán nunca jamás.”

Las nubes frías se abrieron un poco y una pequeña luz entro en ese salón lleno de gente importante para mi. Supe con seguridad que aunque con distintas religiones, color y nacionalidad podíamos ser amigas, podia existir el amor y la fraternidad.Las relaciones interpersonales no conocían las barreras cuando existe el amor. Ese día sentí que eran parte de mi familia, la familia que elige el corazón. Alemania me había regalado esta lección.

 

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