El sol de invierno

La oscuridad que nos rodea parece desmentir la hora, son las 7 de la mañana. La estación del tren esta llena de gente adormilada y quieta que se despierta súbitamente por las ráfagas de viento helado que nos envuelven.

Es enero y voy a Berlín. Enero, es un mes frio, de cielos grises, el sol sale tarde y se va a dormir antes de las 4:00 pm. Después de las luces que iluminan el invierno en diciembre, enero parece mas bien solo y oscuro. Sin embargo, es el primer mes del año y por ser el primero esta lleno de esperanza, de deseos resucitados, y de energía nueva para ser volcada en ellos.

Me paro en la plataforma lista para abordar el tren y miro hacia arriba, tratando de encontrar alguna estrella, pero las nubes las encubren y la única capaz de espantarlas tal vez por su cercanía a la tierra es la luna llena. Hoy he llegado puntual al tren, pues los trenes alemanes no esperan y casi nunca se retrasan. Cuando apenas había llegado a este lado del mundo aprendí mi lección cuando varias veces se cerraron las puertas en mis narices y tenia que llegar tarde a la escuela, por mi retraso de 30 segundos. La verdad es que desde entonces admiro mucho la organización del transporte público en estos lares del planeta.

Cuando aclara, el tren esta en medio de un bosque gris que parece muerto, pero en realidad esta dormido. Estoy a punto de entrar a la ciudad y veo como los arboles en sus limites enseñan sus esqueletos al desnudo, esperando al sol de primavera para renacer. Las lluvias, la escarcha y las tristes nevada mantiene algunos de los prados verdes. Observo las ramas delgadas de los sauces llorones, son delgadas, frágiles, delicadas y no entiendo como soportan al frio que me hela los huesos. Pero no todo lo que parece frágil lo es, y no todo lo que parece muerto lo esta. La fuerza interna de estos arboles es paciente, espera que la luz regrese y su tiempo llegue para volver a darnos aire fresco. Me alegra pensar que en pocos meses las veré llenas de un verde brillante y nítido que solo se observa en primavera. Entonces volveré al bosque a correr.

Los viajes en los trenes berlineses son llenos de silencio, nadie saluda, nadie habla por teléfono y la mayoría los usa con audífonos. Los ciudadanos mudos tratan de respetar la quietud y silencio de los demás. El silencio del tren nos da tiempo para pensar, recordar, planear o leer. Lleno mis viajes en el tren de letras, de libros, de cuadernos con mis garabatos reflexiones o blogs, como este.

Hoy veremos al sol. Aunque no veo su resplandor por la venta, veo como anuncia su llegada y tiñe mi cielo de una resplandeciente belleza. El magnifico violeta y rosa aparta a las nubes y parece anunciar la magia del día o tal vez del nuevo año. Entonces nace seguro, brillante y poderoso a calentar nuestro invierno.

Este astro en invierno siempre me hace sonreír.

“Desde el nacimiento del sol, hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová” Sal 113:3

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