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Sacrificios

Hace unos días leí una historia sobre el sacrificio de los habitantes de un pueblito llamado Eyam. Esta historia la encontré gracias a John Leavy quien la escribió en Quora. El pueblito esta al norte de Londres y es un pueblito pintoresco con casas de piedra. En el otoño de 1665, el sastre local recibió un paquete de tela de Londres sin saber que estaba infectado con la Peste Negra. Uno de sus ayudantes al notar que la tela estaba húmeda, abrió el bulto y lo colgó frente al fuego para que se secara. En una semana, Viccars, su ayudante estaba muerto. Para la primavera siguiente, no menos de 42 personas habían muerto a causa de la enfermedad. Aterrorizados, algunos habitantes hicieron planes para desalojar el pueblo. Sin embargo, el entonces presidente municipal William Mompesson convenció a los habitantes de que se quedaran para evitar que otros pueblos fueran infectados. En un acto de valentía la gente de Eyam, decidió quedarse y se impusieron una cuarentena voluntaria durante catorce largos meses. En algunos casos, familias completas fueron aniquiladas, en otras solo quedó una persona con vida. La muerte final ocurrió un año después, el 1 de noviembre de 1666. Hoy en día, este pueblo se llama “El pueblo de la plaga” y es un destino turístico popular. Leer de un sacrificio tal en tiempo como los que vivimos en este 2020 es realmente admirable y te dejan pensando. Después de leer esta historia me pregunté ¿Qué estoy dispuesta a hacer

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Sacrifices

Few days ago I read a story about a big sacrifice in human history. It was written by John Leavy in Quora and it was about a little Town in England called Eyam. In the autumn of 1665, the local tailor received a bundle of cloth from London not knowing that it was infected with

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Una invitación personal

Querido lector: Esta es una invitación especial para ti de mi. Hace apenas una semana pude tocar, oler, ver y sentir el libro que terminé de escribir el año pasado y se publicó en Abril, pero por cuestiones de la pandemia no había podido llegar a mis manos. Hoy tendré la oportunidad de presentártelo y contarte algunas de las historias detrás de él. Así que esta es una invitación personal para conocernos en vivo y que si quieres me hagas preguntas a través de face channel. Aquí te mando los links para que pases cuarenta minutos a mi lado, así como con Zenaida des Aubris, quien me entrevistará. El programa aparecerá en punto de la hora programada 1 de la tarde hora Bogotá. (En México es a las 12:00 y en Alemania a las 19:00). Gracias por seguir mis letras. Fanny Links: https://www.facebook.com/CalixtaEditores/ https://www.twitch.tv/serendipiafestival

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Bridges

In the city where I live there is a wall, or rather a piece of the wall to remind us of the days of oppression, of the division of families, hearts and the absence of freedom. There is even a museum where we can see and read the stories of how hundreds of people tried to escape or jump over that wall. Last year, in the absence of the pandemic, the Brandenburg Gate in the center of Berlin was full of people dancing and listening to the musical celebration because of the 30th anniversary of the falling of the wall on November 9, 1989. We celebrated in the middle of a Berliner cold, that did not intimidate us into joining the celebration of freedom. The stories of divided families because of the wall were recount from the stage. It was an emotional day that I will never forget. Unfortunately, the Berlin wall is not the only wall that I have seen in my life. The last wall I saw is the one between Israel and Palestine last year. It was a day bathed in the hot summer sun where the body looks for the shadows under the trees and welcomes any kind of wind in the air. That day a Korean friend and I decided to visit Bethlehem, a small town in Palestine. We were staying at Jerusalem and to go to foreign territory we had to ask for the help of a friendly, attentive and very nice tour guide. Seeing

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Muros y puentes

En el muro de Berlin 2019. En la ciudad que vivo hay un muro, o mas bien un pedazo del muro para recordar los días de la opresión, de la división de las familias, los corazones y la ausencia de libertad. Inclusive hay un museo donde se nos enseña como cientos de personas trataron de escapar o saltar ese muro. El año pasado en ausencia de la pandemia la puerta de Brandemburgo en el centro de Berlín estaba llenísimo de personas bailando y escuchando la celebración musical de la caída de ese muro que fue abierto el 9 de noviembre de 1989. Celebramos los 30 años en medio de un frío berlinés, que no nos intimidó a unirnos a la celebración de la libertad y la fuerza del amor en las familias alemanas, que no fue derribado por la construcción de un muro que los separaba. Fue un día lleno de emoción que nunca olvidaré. Desafortunadamente en Berlín no está el único muro que he visto en mi vida. El último muro que vi, es el que está entre Israel y Palestina, apenas lo vi el año pasado. Era un día bañado de sol veraniego de esos que calientan, donde el cuerpo busca las sombras y agradece cualquier viento en el aire. Ese día una amiga coreana y yo decidimos visitar Belén, un pueblo en Palestina. Estábamos hospedadas en Jerusalén y para pasar a territorio extranjero tuvimos que pedir la ayuda de un guía turístico amigable, atento y muy agradable.

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Nature’s sanctuaries

Sometimes human beings need secret places. Places that restore the soul, gives you clear thoughts, where anger and sadness fly away and you are able to find the best of you there. In these places without a doubt you always find happiness. I call those places sanctuaries. Here in Germany I have discovered one. To get there, you have to take a road through a forest. The forest is a mixture of pines of different species, one sporadic oak tree and wild bushes of wild blueberries, blackberries, even strawberries. Sometimes in this forest we pick mushrooms for breakfast. The country flowers that appear in spring or summer paint the path of colors. When my daughter asks for it, we stop to pick them up and take them to our home’s table. Part of the road to reach the sanctuary is covered with modern asphalt that we all know, because the roads of our modern world use the same thing. Another part, however, is covered with old stones, glued together by cement, giving the ground a more or less flat surface, but still making the tires of my car tremble from top to bottom. This piece of road makes me think of the kind of roads that horse-drawn carts would use in ancient times and suddenly the feeling of history fills the air. Upon reaching my secret place we park under the shadows of the trees. When I see them, I know that I am just steps away from reaching it.

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